Desde la aparición del término la “Mano Invisible”, utilizado por Adam Smith en el siglo XVIII, para referirse a “la capacidad autoreguladora del libre mercado y su capacidad para obtener el máximo bienestar social, a través de la búsqueda del interés propio”, mucho se ha discutido sobre esta materia, y cómo actúan las diversas “fuerzas” en juego dentro de un mercado.

Por su parte, basado en esta teoría, Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago, sostenía, que el mercado es eficiente para “asegurar que se fabriquen los productos adecuados, en las cantidades precisas, para estar disponibles en los lugares necesarios”, de cara a satisfacer las necesidades crecientes de las personas. Sin embargo, mucho se ha discutido sobre esta materia, cuestionando que ella sólo aplica a las grandes economías desarrolladas, donde existe libre competencia que podría asemejarse a “la competencia perfecta”, y no en pequeños mercados que tienden a la concentración económica, sin competencia real, con amplia presencia de monopolios y/o oligopolios dados los tamaños de mercado, donde el Estado, y otras fuerzas, deben ejercer un rol “corrector” de estas distorsiones, en beneficio de los consumidores y usuarios.

Estas fuerzas “correctoras”, hoy trascienden a la acción del Estado per se, y se traducen en un denominador común para los grandes y pequeños mercados. Se trata de la acción simultánea de múltiples grupos de interés (stakeholders) que se constituyen en lo que se conoce, desde finales de 1940, como el mercado no comercial o “Non-Market”, término donde confluyen aquellas presiones de carácter político, social y ambiental que influyen de forma directa y hasta decisiva en lo objetivos y estrategias de cualquier organización.

La confluencia de las realidades del mercado, definidas por sus transacciones y estrategias, dirigidas a ganar terreno en las ventas de productos y servicios, enfocadas directamente en elementos tales como precio, ventas, mercadeo y negociaciones que permiten reducir costos y maximizar ganancias, no son el único factor determinante para el éxito del negocio. Ahora más que antes, se debe gestionar el “Non-Market”

Hoy, cada vez más, las fuerzas del “Non-Market” definen un entorno que exige a las empresas nuevas capacidades y herramientas, para integrar a sus estrategias de negocio, aquéllas que busquen ganar notoriedad, visibilidad, relacionamiento, posicionamiento e influencia, de cara a obtener el poder necesario y suficiente para intervenir positivamente en el juego de fuerzas que supone hacer negocios en el mundo de hoy y mantener sus “licencias para operar”.

Para atender al “Non-Market”, debemos comprender muy bien el mapa de audiencias, riesgos y asuntos clave que tienen impacto sobre nuestra organización, prestando particular atención a aquellos grupos de interés conformados por los que regulan y/o se constituyen en grupos de presión para nuestro negocio, incluyendo además a gobiernos, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, entes multilaterales, gremios y sindicatos, así como la sociedad civil en sus múltiples manifestaciones.

A pesar de considerarse antónimos, el “Market” y “Non-Market”, hoy confluyen para convertirse en un solo y “nuevo” mercado que, aunque no es realmente nuevo per se, requiere de un mayor esfuerzo de alineación entre los ámbitos institucional y empresarial de cualquier organización, esto, para promover una ventaja competitiva que le permita alcanzar los objetivos establecidos en su plan de negocio de forma sostenible.

Advertisements